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[skay] por Gastón Ferrer |
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Skay, aquí y ahora |
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Está bien, si nos volviéramos más analistas y subterráneos, y buscáramos cavar un poco más, podríamos decir, utilizando uno de los postulados de la escuela Gestalt, que “el todo es más que la suma de las partes”, y por ende, que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, nunca va a ser lo mismo si no es algo completo, en vez de células separadas con destinos diferentes que encuentran su suma en los Ricoteros. Ese movimiento socio-cultural que persigue a sus baluartes (llámese Eduardo Beilinson o Carlos Solari) donde y cuando sea, para recrear una misa hasta en lo más recóndito del universo, ya que si tocaran en otro planeta la procesión se haría igual. Y es en los feligreses donde sobreviven esas fiestas, en las que se puede encontrar de todo, es verdad, ¿pero no es acaso eso lo que hace a esta forma arricotada de vivir la vida tan singular e inigualable?
Sin más preámbulos, una de estas celebraciones, se llevó a cabo en Rosario, cuando Skay y los Seguidores de la Diosa Kali, se hicieron presentes en el mítico sitio de calle Suipacha y Güemes, para despuntar el vicio nuevamente, y sacarle las ganas a sus súbditos, al menos por un rato, de volver a escuchar las melodías que su guitarra destila una y otra vez, y que el Flaco hace sonar cada vez mejor, como si el tiempo sólo le sirviera para superarse en todo momento.
Y como no podía ser de otra manera, Skay y su banda dieron un show desgarrador, crudo, trabajado arreglo por arreglo… “redondo”, bah. Es que Los Seguidores de la Diosa Kali cada vez suenan mejor, con un sonido mucho más producido y original, con un Topo Espíndola (batería), que a su corta edad es un exponente particular en lo que a los palillos y a los parches respecta, con Claudio Quartero (bajo) y Javier Lecumberry (teclados) más afianzados que nunca y con Oscar Reyna que por momentos tiene, a nivel
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de solos, un protagonismo no tan distante del de Skay, salvando todas las distancias posibles, pero sin menospreciar a una gran violero como Reyna.
La perla ¿negra? de la noche, obviamente, fue que tan sólo tocó tres temas de su anterior banda, llevando la contra y sacándose de encima Jijiji, de movida, como primer tema Ricotero, para luego darles el gusto sobre el final con Rock para los dientes, y El pibe de los astilleros, sin lugar a dudas los temas más agitados de la noche, aunque los propios como el Síndrome del trapecista, Golem de Paternal, u Oda a la sin nombre (con pifia incluída al comienzo, único yerro de la velada) también fueron muy coreados, así como los de La marca de Caín, como Arcano XIV o Ángeles caídos.
Así pasó una de las (tres) patas de Patricio Rey por la ciudad, y si bien todo el tiempo se cantó “solo te pido que se vuelvan a juntar”, cabe citar nuevamente otro postulado de la Gestalt, que es el “aquí y ahora”, y en este momento cada uno viene en envase separado y hay que disfrutarlos de esa manera, aunque en la Chicago Argentina, todavía aguardan por el Pelado, pero ese será tema de charla para otra vuelta.
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Fotos por Irina Gastaud
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